Comunicando con tierra

1 Dic

Esto ya lo hizo Marta en 1976

Marta Minujin

La idea fue ésta: Marta Minujín viajó a Machu Picchu para conseguir 25 kilos de tierra del lugar sagrado y emblemático por excelencia. Imaginen que corre el año 1976. La acción llamaba a repensar lo que se podría denominar la “conciencia latinoamericana”.

Los registros fotográficos de la acción “Comunicando con tierra” -expuestos en la retrospectiva que se acaba de inaugurar en el Malba– dejan ver a Marta rodeada de unos muchachos que la ayudan en la tarea de embolsado fértil. Su objetivo es que cada uno de esos 25 kilos lleguen a 25 artistas diseminados por diferentes países. La contraparte de la propuesta era que cada uno de ellos re-enviara a Marta 1 kilo de tierra de su ciudad para que luego todas volviesen a ser enterradas en el sitio de donde fueron extraídos los originales 25 kilos peruanos. Se entendió hasta aquí?

Precursora Minujín en más de un sentido, que cuando desborda en tanta verborragia empaña lo original de su trayectoria.

Entonces:  posteo para recomendar esta muestra extensa y rica en obras y documentación que logra despegarse de los clishés en los que descansa buena parte de la fama de Minujín.

Un montaje atractivo y no por eso menos riguroso que evidencia qué sucede cuando se trabaja en la puesta de una retrospectiva y la/el artista vive, colaborando activamente en el diseño y sobre todo abriendo generosamente su archivo para que documentos inhallables sean expuestos.

Una narrativa compleja que en esta ocasión permite una lectura abarcativa de sus obras.  Conviven en el montaje  material fílmico y fotografías de los años ’60, ’70 -con los rastros del paso del tiempo en su factura- junto a dispositivos expositivos que acompañan la difícil tarea de reconstruir lo que en buena medida suele encuadrarse bajo la categoría de arte efímero.

De happening en happening

Marta y La Menesunda en el Di Tella

Andrea Giunta en su libro “Vanguardia, Internacionalismo y Política” examina rigurosamente, como es su estilo habitual, las estrategias y tensiones que la obra de Minujín desplegó durante la década del ’60. No estaba sola, Rubén Santantonín, Alberto Greco y otros artistas caminaban por la misma senda que apuntaba a explorar todos los recursos que les permitieran fundar un lenguaje nuevo.

Instalada desde principios de 1962 en París, Minujín comienza a vislumbrar y a codearse con artistas y galeristas parisinos que le revelan que hay mucho arte nuevo gestándose y circulando paralelamente a las propuestas que se encontraban aún arraigadas al lenguaje tradicional europeo.

Tanto Greco como Minujín, tal como lo relata Giunta, introdujeron sus obras en circuitos afines a ellas logrando cierta repercusión y que revistas especializadas en arte publicasen buenos comentarios sobre ellos. Lo importante era hacerse notar. Y lo lograron. Minujín siempre creyó fervientemente que el arte era algo mucho más importante para el ser humano que esa eternidad a la que sólo los cultos accedían.

El comienzo del fin de la “cultura mermelada”

Juan Pablo Renzi es el autor de este magnífico rótulo, irónico e incisivo, que aludía al “acabado”, al “buen gusto” que ciertas producciones artísticas presentaban y con las que había que acabar. Rasgos que marcaban las preferencias del gusto de la burguesía y sobre éstas tendencias cargaban los artistas jóvenes. Es por eso que el término vanguardia emerge reiteradamente tanto desde el lado de los artistas como del lado de los críticos de la época, sin olvidar los inestables límites que el término habilita, sus alcances y pertinencias.

Minujín trabajó arduamente en pos de quebrar las barreras que en esos años el público de Buenos Aires todavía no se había animado a traspasar. Aventuro que ciertas producciones artísticas de los años recientes retoman muchas de las inquietudes que aparecen tempranamente en la obra de Marta Minujín. Propuestas que en todos los casos involucran la participación del público como actor y constructor de sentido.

El Malba invita con esta retrospectiva a viajar en el tiempo para comprender orgánicamente ese vínculo tan intenso y desbordado que Minujín no deja de pregonar: que la vida es arte. Y viceversa.

Inestable recomienda fervientemente a aquellas personas que quieran saber más sobre los convulsionados años sesenta, conocer la trastienda de las bienales, los premios y las instituciones que fueron la plataforma de lanzamiento de estos artistas, leer el libro de Andrea Giunta mencionado en el post. Allí encontraran entrelazadas -evitando el abordaje cronológico evolutivo- y analizadas las formas que asumieron los proyectos de internacionalización del arte argentino de los sesenta, donde Marta Minujín fue pieza clave.

La web oficial de Marta Minujín abunda en datos que permiten conocer en detalle su obra: http://www.martaminujin.com/portal/

Que lo disfruten!!

Colchones, París 1963





Anuncios

3 comentarios to “Comunicando con tierra”

  1. julieta 2 diciembre, 2010 a 11:20 #

    Buenísimo el post.Me parece, en este caso, super adecuado poder separar a la artista de su verborragica forma de presentarse a si misma.Su obra se despega de ello.

  2. Madame Hulot 3 diciembre, 2010 a 1:01 #

    Me encantó lo que escribiste sobre Marta.
    Felicitaciones por este post y todo el blog.
    ¡Arte, arte, arte!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: