Mirar la trama

15 May

detalle de obra Gilda Picabea

Espacio y tiempo: sobre todo desde la perspectiva kantiana, que propone estas facultades para configurar el mundo como intuiciones puras que formatean la sensibilidad humana.

Gilda Picabea, artista argentina sub 40, expone en Central de Proyectos una serie de obras que dan cuenta de una forma inusitada, cómo su trabajo invita a una lectura tomando estas coordenadas.

Y es que estas obras, de una por momentos engañosa bidimensionalidad que muta a la profundidad de ovillosentramadosredes, se ajustan al carácter apriorístico que Kant tanto pregonó.

Resulta imposible quitar el espacio del universo pictórico y mucho menos el tiempo. Que se entienda….no desconozco la tautología que propongo, sólo quiero resaltarla.

La abstracción que ejercita Gilda Picabea plantea repensar estos términos, quizás sea uno de los beneficios de lo no figurativo. Atender a los intersticios de la materia, guiando la mirada para que no se trabe en la superficie. La idea de lo infinito –el tiempo y el espacio-, de embarcarse en el intento por encontrar la punta del ovillo, no poder desarmar la madeja y entonces…el ojo que va y viene, pero no obstante encontrar el equilibrio. Vaivén dentro de una obra y vaivén que salta de una a otra.

Hay algo, por qué no, de una cierta resonancia al universo femenino que en la complejidad y profundidad puede resultar tan diáfano como cerrado a la vez.

Ocultamiento / Distancia / Continuidad es el título de la muestra que se puede visitar hasta el 28 de mayo. Y pensaba sobre todo qué significado pueden poseer estas palabras que funcionan como paratextos que, desde su lugar de enunciación, asisten, persuaden y proponen una atención particular. Una reflexión que atiende a la posibilidad de articular frente a cada obra qué hay de oculto, de distante y de continuo.

En el aspecto formal una irrefutable continuidad es manifiesta y puesta en escena. Colores en las telas que pueden aparecer con gran contundencia y otras veces velados, pero siempre como grandes protagonistas. En simultáneo el juego distancia-continuidad que en aparente veredas opuestas interactúan en la retina. Y al fin, el ocultamiento que se puede pensar desde variadas perspectivas. Dentro del universo pictórico gracias a esta superposición-condensación de la trama y también, por qué no, uno más sutil, que podemos intuir que Picabea retacea a conciencia.

El tiempo se deja palpar y se transforma en mensurable cuando se atiende a la realización minuciosa de cada obra. Si bien es posible tomarlas como parte de un lenguaje o texto homogéneo, existen diferencias sobre todo en la densidad de las delgadas líneas de algunas obras que en otras se convierten directamente en planos. En las primeras la profundidad destila mucho de abismo y en otras lo bidimensional prevalece. Otras distancias posibles de discernir las redes. “Entradas” cruzadas que quizás formen un único camino en el laberinto.

Otro rasgo interesante de la artista viene de la mano sobre todo de las obras compuestas, donde conviven en la contigüidad varios bastidores que no tienen el espíritu del políptico, sino que tienen una unicidad fragmentada con ciertas ligazones. El juego entonces es rastrear si las líneas urdidas en la trama tienen un encadenamiento posible en el bastidor vecino.


El montaje del equipo de Central de Proyectos acertó en combinar y diseñar un recorrido por el universo que elige exponer la artista logrando desplegar un panorama de las inquietudes y búsquedas que interrogan al espectador sobre conceptos como la duración, lo temporal/atemporal, la sucesión, las rupturas. El tiempo del que pinta y el tiempo del que mira. Los tiempos del montar, los tiempos del interpretar.

No dejen de pedir subir a la trastienda, allí, como a resguardo, más obras de Gilda Picabea descansan de la mirada del público. Obras de formato más pequeño, parte de la producción más reciente, que conviven muy bien con trabajos de otros artistas de la galería. Resultado? Otra cara del arte y del ámbito de las galerías de arte, donde hay espacios más restringidos, de menor circulación, y en consecuencia, donde las obras se vuelven a correr del eje.

Fue Roland Barthes quien escribió en un ensayo que data del año 1963 que una de las tareas de la crítica consistía en no descifrar el sentido de la obra, sino reconstruir las reglas y las sujeciones de elaboración de este sentido.

Y vuelvo a la abstracción, donde es posible arriesgar que la forma y el color se hallan libres de todo propósito representacional para dar lugar a una necesidad de expresión interna. Quedan los interrogantes y conjeturas ante las obras, que se vuelven interesantes por esto justamente, por ser territorio de indagaciones, por no propiciar un sentido unívoco ni cerrado.

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